
Desde hace más de 500 años, el Norte Global ha querido hacer de Abya Yala (América Latina) y del Sur Global una zona de sacrificio del capitalismo. Primero, los imperios coloniales se robaron el oro y la plata, extraídos a costa del genocidio y la esclavización de pueblos originarios y africanos.
Luego, los imperialistas y colonialistas se apropiaron de la tierra para generar plantaciones de azúcar, cacao, tabaco, algodón, café y caucho. Más tarde, con los Estados Nación, la dependencia y la industrialización, saquearon el guano, salitre, cobre, estaño, hierro y carbón. En el siglo XX comenzó la extracción de combustibles fósiles, como el petróleo, recursos que hacen funcionar el engranaje industrial y capitalista y que hoy nos tienen en la peor crisis climática de la historia.
También en el siglo XX, Estados Unidos intervino en las naciones latinoamericanas e impuso Estados rentistas y dictaduras funcionales al capital y a sus intereses geopolíticos. En el siglo XXI, además del extractivismo fósil, bajo el discurso de crisis climática y transición verde, el extractivismo continúa ahora bajo el color “verde”. Hoy los “recursos” preciados son litio, cobalto, níquel, cobre, tierras raras, silicio, agua y ecosistemas convertidos en sumideros de carbono, mercados de compensación o “soluciones basadas en la naturaleza”.
En distintas épocas le han llamado de distintas formas: evangelización, civilización, progreso, desarrollo. Puede tener el apellido fósil o verde, pero es lo mismo: imperialismo. Es el mismo imperialismo que ha devastado regiones enteras del Medio Oriente para asegurar el control del petróleo, y que hoy vuelve a desplegarse con fuerza en Abya Yala.
En la madrugada del 3 de enero de 2026, el gobierno de Estados Unidos intervino militarmente en Venezuela, bombardeando distintas zonas de la capital, Caracas, matando a decenas de personas, y secuestrando al entonces presidente Nicolás Maduro y a su esposa, bajo la excusa de la “guerra contra el narcotráfico”. Cabe destacar que bajo esta excusa, también el gobierno de Estados Unidos ha asesinado a 115 personas en embarcaciones en el Caribe y el Océano Pacifico.
Horas después de la intervención, Trump declaró públicamente:
“No estaban bombeando casi nada en comparación con lo que podrían haber estado bombeando… Vamos a hacer que nuestras grandes compañías petroleras entren, gasten miles de millones de dólares y comiencen a ganar dinero… Vamos a dirigir el país hasta lograr una transición adecuada”.
Estas declaraciones confirmaron lo evidente: Estados Unidos no interviene por el pueblo venezolano, ni por la democracia, ni por los derechos humanos, ni por el clima, ni por la vida. Interviene porque Venezuela tiene petróleo, gas y otros “recursos estratégicos”, históricamente tratados como botín.
El mismo gobierno que ha sido incapaz de hacer justicia a las mujeres que han denunciado abuso sexual de su actual presidente, Donald Trump; que ha permitido que se criminalice y violente a personas migrantes latinoamericanas a manos de ICE; que ha llevado a cabo bombardeos en Siria, Irak, Irán, Somalia, Yemen o Nigeria; y que ha apoyado y financiado el genocidio y apartheid en Palestina, no es ni será ninguna autoridad moral ni política para intervenir en Nuestra América.
La intervención armada de EEUU en Venezuela constituye una violación flagrante del derecho internacional, de los principios de no uso de la fuerza y libre determinación de los pueblos consagrados en la Carta de las Naciones Unidas, y una clara reinauguración de la Doctrina Monroe: el intento de reafirmar el control imperial sobre los territorios, bienes comunes y pueblos de Abya Yala.
La gravedad de esta ofensiva no es solo política o geopolítica: es también climática. El IPCC, en su Sexto Informe de Evaluación, establece que las emisiones asociadas a la infraestructura fósil que ya existe en el mundo son suficientes para superar el presupuesto de carbono compatible con 1.5 °C, el límite científico para evitar los peores impactos climáticos.
En este contexto, reactivar y expandir la explotación petrolera en Venezuela es abiertamente incompatible con la ciencia climática. Venezuela posee 303 mil millones de barriles de reservas probadas de petróleo, las mayores del mundo. Quemar esas reservas liberaría aproximadamente 131 gigatoneladas de CO₂, sin contar emisiones adicionales por extracción, refinación y transporte. Esto contribuiría enormemente al calentamiento global, empujando deliberadamente al planeta más allá de los límites que hacen posible la vida como la conocemos.
Históricamente, Estados Unidos ha justificado su intervencionismo construyendo narrativas de “enemigos”: comunistas, terroristas, migrantes o narcotraficantes. Lo que hoy pasa en Venezuela puede repetirse en toda Abya Yala. Estados Unidos no actúa como salvador, actúa como poder hegemónico. Su historial en Irak, Libia o Afganistán demuestra que la intervención unilateral no produce democracia, sino dependencia, fragmentación social y violaciones sistemáticas de derechos humanos.
Condenamos sin ambigüedades el autoritarismo del gobierno de Nicolás Maduro, las violaciones a derechos humanos y crímenes de lesa humanidad del Estado venezolano. Exigimos la liberación de todas las personas presas políticas y esperamos que los crímenes del Estado venezolano no queden impunes. Pero esa condena no puede ser usada para legitimar una intervención imperial ni un nuevo ciclo de saqueo.
La crisis venezolana no se resuelve con tutelajes externos, sanciones, bombardeos ni ocupaciones militares. Se resuelve garantizando algo mucho más profundo: que ningún poder vuelva a dominar y explotar territorios, personas, ecosistemas y energía en nombre del progreso por encima de los derechos de las personas y de la naturaleza
Lo que hoy ocurre entre Estados Unidos y Venezuela no es un conflicto lejano: es una señal de advertencia sobre el tipo de mundo, y de región, que se está configurando/ estamos permitiendo. La gravedad de la situación sin repercusiones globales es un ejemplo para que otras naciones repliquen esta lógica imperialista en distintas regiones del Sur Global del mundo.
El imperialismo estadounidense en Venezuela y en Abya Yala:
- Reduce los territorios a recursos, convirtiendo la naturaleza en mercancía, negando que en ellos habitan pueblos, culturas y ecosistemas vivos.
- Profundiza la crisis ambiental, reforzando un modelo energético responsable del colapso climático y retrasando una transición energética justa
- Vulnera la soberanía, la autodeterminación de los pueblos y los derechos humanos.
- Normaliza la desigualdad global, perpetuando una relación en la que el Norte se beneficia mientras el Sur asume los costos sociales y ecológicos.
- Sienta precedentes peligrosos, debilitando las normas internacionales de derechos humanos y abriendo la puerta a nuevos conflictos socioambientales..
En un contexto donde siete de los nueve límites planetarios ya han sido superados, el imperialismo fósil es una amenaza directa para la vida en la Tierra. La crisis ambiental no es solo ecológica, es política. Mientras los territorios del Sur Global sigan siendo vistos como reservas de recursos y no como espacios de vida, la devastación continuará repitiéndose con distintos nombres.
Defender la vida hoy implica decirlo con claridad: no al autoritarismo interno, pero tampoco al imperialismo fósil, verde, o de cualquier tipo. Sin soberanía ambiental no hay transición justa, y sin justicia climática no hay verdadera democracia.
Abya Yala no es una zona de sacrificio.
Es un territorio vivo, y ejercerá su derecho a decidir su propio destino. Defender la autodeterminación de los pueblos del Sur Global es defender la tierra, el agua, los ecosistemas y el futuro común que hoy está en disputa.
Organizaciones firmantes:
Colombia:
- Barranquilla+20
- Corporación Sihyta
- Life of Pachamama
El Salvador:
- Habitat Sivar
México:
- Asamblea Ecologista Popular
- Contener La Paz
- Coordinadora de Colectivos, Activistas y Organizaciones Sociales de Michoacán (CAAOS)
- Coordinadora de Pueblos y Organizaciones del Oriente del Estado de México en Defensa de la Tierra, el Agua y su Cultura-CPOOEM
- Deuda x Clima MX
- ECO (Expresión Colectiva por la Naturaleza)
- Frente Antigentrificación CDMX
- Frente Nacional por las 40 horas
- Las cuida detrás
- Legado Gaia (LEGAIA)
- No se metan con nuestras hijas
- Obrera Cdmx
- Socialismo o extinción México – izquierda internacional
- Tierra Nuestra
- Tierra Resiliente
- Union de Crédito Mixta Plan Puebla
Portugal:
- Climáximo





































